El Independentismo catalán: un camino hacia la nada

                                                                                      Foto / Barcelona desde el cielo

Por: José Antonio Esparza Blanco

Siendo peruano de nacimiento, pero con mucha sangre española en las venas por ambas partes -abuelo paterno navarro y abuela materna valenciana-, estoy ahora en Lima después de haber vivido 10 años en Barcelona (2003 a 2012). Diez años de mucho trabajo, pero también de vivir con intensidad, pues pude disfrutar de ir conociendo por mis actividades laborales en la construcción, muchos pueblos y ciudades españolas. Tuve la suerte de recorrer casi casi toda España visitando obras y conocer, comer, conversar, observar, aprender, disfrutar y enamorarme de cada rincón que pisé. El llamado de la sangre, me lleva a dar mi opinión porque me preocupa muchísimo ver el color que han tomado las cosas al día de hoy.
Tengo un socio catalán de soca-rel, (de pura cepa, como él mismo se llama) a favor del independentismo, con quien en varias oportunidades discutimos el tema de si Cataluña era o no España. Mi posición era férrea siempre, tanto como la suya. Pero a pesar de tener ideas diametralmente opuestas, jamás tuvimos palabras de ofensa, ni siquiera de burla, ni mucho menos insultos o agresiones. Cuando yo entraba a un bar de cualquier carrer de Barcelona, jamás se presentó una situación crispada por este tema. Cualquier barcelonés podía decir sus ideas y se respetaba las mismas, con una altura y categoría propias de la gente de bien.
Hoy, 2018, la ciudad que me acogió tan bien, ha cambiado y mucho. Ojalá que no de manera irreversible. Pero hoy por hoy, es irreconocible. Está fracturada socialmente. Siendo un “extranjero” en Cataluña, casi nunca sentí marginación o xenofobia. Tal vez algún desubicado suelto por ahí, que dentro de su mediocridad no soportaba ver a uno de fuera, moverse con seriedad y profesionalismo en su tierra. Pocas veces. Y justamente por ser extranjero, pero con amor enorme por España, es que quiero dejar mi impresión sobre este gran problema actual. Una visión externa.

 

                                                                  Foto / La Sagrada Familia en Barcelona

Cuando un extranjero pisa España, descubre un país realmente único. Y esa singularidad por encima de otros países europeos, radica en el hecho de su rica diversidad cultural. “La piel de toro” tiene regiones muy demarcadas y diferentes, lo que le otorga una vida excepcional al país. Puedo afirmar que, siendo todos españoles, los gallegos son distintos a los andaluces, los extremeños a los vascos, y los catalanes a los murcianos, por poner tres ejemplos. Esa diversidad hace de España un país irrepetible.
Ahora bien, hablemos de tópicos comunes. ¿Es cierto que los catalanes son muy currantes? Pues sí. Y ¿los vascos? También. Y el resto de España, ¿no trabaja igual de arduamente? Euskadi y Barcelona siendo puertos abiertos, han sabido aprovechar esa ventaja. ¿Y los gallegos no tanto y sólo saben pescar mariscos y preparar pulpo a la gallega? ¿Los andaluces sólo saben zapatear, bailar flamenco y cantar fandangos? ¿Lo valencianos sólo saben preparar paellas? ¿Es que sólo en Guijuelo está el mejor jamón ibérico del mundo? ¿El Cochinillo sólo se prepara bien en Segovia? ¿Las migas sólo son buenas si se hacen en La Mancha? ¿La fabada sólo es buena si es asturiana? ¿El mejor chuletón de buey es lo único recomendable de León? ¿El cocido es lo único que saben hacer los madrileños aparte de ir a los toros, bailar chotis y ser del Real Madrid? ¿Los vascos sólo saben hacer bacalao al pil pil y levantar rocas o ser pelotaris? ¿Los catalanes sólo saben hacer pá amb tomàquet, butifarra i munxetas y bailar sardanas? ¿Treparse unos sobre otros apiñados y unidos hasta formar un castell? ¿Reunirse en familia para ensuciar baberos con calçots y salsa romesco? ¿Qué es todo este zafarrancho?
La Historia favoreció el crecimiento económico de unos por encima de otros, y bien por ello. Pero de ninguna manera, esa puede ser una razón digna para sentirse superiores, para creerse distintos del resto, porque sin ese resto, las industrias no hubieran florecido de igual manera. España es, antes que nada, la mejor prueba que las partes hacen el todo. Cada español ha hecho grande a España, en toda su larga historia.


 

                                                                                     Foto / Junto al Rey de España Felipe VI

El idioma regional es distinto. ¿Y qué? ¿Basta por ello para sentirse “de otra casta”? Y la cocina regional también es diferente. ¿Y qué? ¿Basta por ello para sentirse “de otra nación”? Y las danzas regionales también son otras. ¿Y qué? ¿Basta por ello para sentirse “de país diferente”? ¿Y la idiosincrasia distinta me hace sentirme ajeno al país donde nací? Pero la cultura propia de mi región no es la misma. ¿Y qué? ¿Basta por ello para sentir “que no formo parte de España”? En resumen, ¿Cómo puedo sentirme español si soy distinto a los demás que viven aquí?
Pero, por Dios, si ser español es justamente eso, ser distintos al resto del mundo. Por tanta y tanta riqueza diferente. Tantas formas de pensar, de sentir, de cocinar, de vivir… España es un país tan distinto a los demás, que ser español (y ser parte de la mezcla impresionante de culturas) debe ser un orgullo.

Los políticos catalanes vienen trabajando desde la muerte de Franco de manera soterrada. Gastando billones de pesetas y luego millones de euros en tergiversar la historia. Están manipulando las cosas. Están inventando hechos que no son reales y están lavando la cabeza de los niños con mentiras. El problema catalán (que no es nuevo, hay que decirlo) viene agravándose desde que la Generalitat usa los recursos con un único fin: concientizar a la población de que Cataluña ha sido un reino, un país y ahora desea ser una república distinta y separada de España. Por su parte, los políticos de Madrid también han cometido errores. Alguna vez hubo más coches nuevos matriculados en Barcelona que en la Capital. Algo que muchos madrileños no soportaban. Entonces se dictaron normas para obligar a matricular los coches en Madrid. ¿Celos? ¿Envidia? ¿Rabia? Muy madrileño, ¿verdad? El capitalino siente que nacer o vivir en Madrid lo hace mejor. Otro gran error histórico. Esa pugna por destacar, por ser mejor, por ser más rico o más poderoso, viene arrastrándose hace siglos. El Clásico Real Madrid-Barcelona lo dice todo. Dicha competencia ya rebasó lo deportivo para ser un símbolo de competencia política, regional, cultural, social y patriótica…. La pregunta es: ¿Por qué la rivalidad normal entre dos pueblos, dos ciudades, o dos regiones se convirtió en una pugna entre dos países? ¿Cuáles dos países? No hay más que uno, España, y una Región extraordinaria como Cataluña… No more.

¿Por qué se produjo esto entonces? Jaja, por dinero. Y los políticos, lo saben bien. Preguntar a Jordi Pujol.
Cuando los políticos de la Generalitat de Catalunya se dieron cuenta que podrían sembrar entre la población la real y sólida idea de ser otro país, se inició la verdadera carrera por la independencia. Primero de manera muy asolapada, muy sutil. Luego empezaron a inculcar entre el pueblo que Madrid (léase España) los expoliaba. Que esos dineros eran catalanes, que la Región era más productiva, más trabajadora, más seria, más europea, que los pueblos de España. Y era injusto que esos dineros sirvan para subvenciones a otras regiones de la península e incluso Las Canarias. No las Baleares, que ellos sentían como catalanas. Luego, con esas ideas cada vez más introducidas en las mentes del pueblo catalán, tomaron más fuerza las diferencias, al punto que nace un sentimiento de superioridad racial y cultural: “Somos mejores porque no somos como los españoles”. “Nos parecemos más a los franceses que a los andaluces o gallegos”. “No nos gusta ni el flamenco ni las corridas de toros”. Aparece una profunda intención de sobrevalorar lo auténticamente catalán: Antonio Gaudí, Salvador Dalí, Joan Miró o Antoni Tàpies. La bandera senyera “Estelada”, “Els segadors” como himno nacional, la derrota del 11 de septiembre (La Diada), La Sardana que denota exclusión al ser Molt Tancada, El idioma distinto, la cocina tradicional diferente…. Todo esto provino SIEMPRE desde los despachos de la Generalitat…. No nos engañemos.

 

                                                     Foto / Mi querida España te llevo en la sangre, José Antonio Esparza

Qué pena, ¿verdad? Volviendo a las líneas anteriores, yo hablaba de la riqueza de España por ser una nación de gentes tan diversas y culturalmente diferentes, que le daban un valor excepcional y único, muy superior al de otros países y sus propias singularidades. La propia Región Catalana ha crecido económicamente desde el siglo XVI, por la inmigración de otros peninsulares en busca de trabajo. Extremeños, andaluces, manchegos, aragoneses, gallegos, murcianos e incluso madrileños que, con sus músculos, su sudor y su deseo de superación, dieron vida propia a Cataluña. Hay que tener mucho morro para decir que, sin ellos, Cataluña es mejor.
Concluyo reafirmando mi visión, la de un peruano de nacimiento, pero español por su sangre y que siente lo que ello significa, diciendo que la barbarie, el daño, el pecado, el error, el fanatismo, el enfrentamiento absurdo, el odio visceral, que hoy se vive en Cataluña, es el producto de los deseos ambiciosos de pocos políticos que han robado las arcas catalanas desde las entidades de Gobierno, y que con la excusa del patriotismo han vendido la necesidad de una independencia a millones de catalanes. ¿Cuántos? ¿La mayoría? De ninguna manera; no hay mayoría de separatistas. Cifras manejadas y discursos emotivos y sensibleros, para exacerbar un sentimiento patrio que no lo es.
El actual Gobierno de Pedro Sánchez está en La Moncloa con el apoyo de los independentistas y otros sectores de Izquierda como Podemos. Pero no por mucho tiempo. Cuando esto cambie, espero que desde Madrid se impongan la Constitución, las leyes y el orden. Algo que el PSOE de Sánchez no puede por su hipoteca política. La Unión Europea no moverá un dedo a favor de la independencia catalana. Y cuando al amparo estricto de la Ley, Moncloa Y Zarzuela decidan poner un alto a este colosal desmadre, y metan en la cárcel 30 años, sin miramiento alguno, a los sediciosos, a los mentirosos, a los antiespañoles, las cosas se calmarán.
Y si no es así, propongo lo más sencillo: A cada catalán independentista que no quiere ser español, se le decomisa el DNI y el Pasaporte Europeo. Y así, siendo un apátrida, que deambule por el mundo diciendo: YO SOC CATALÁ.