Homenaje del Embajador Antonio García Revilla al Ministro Gastón Ibáñez

                                                   Foto / El  Cónsul General, Embajador Antonio García Revilla durante su discurso

 

El Cónsul General del Perú, Embajador Antonio García Revilla, en la ceremonia de homenaje al ex Cónsul General del Perú en Barcelona Gastón Ibáñez Manchego.


Estas fueron sus palabras y testimonios durante la celebración del evento.

“Yo tengo mi historia, como persona y también como diplomático; tiene que ver mucho con Gastón. Desde que yo me inicié como Tercer Secretario, empecé a trabajar en una oficina en que trabajaba Gastón, y desde los primeros días, nos hicimos muy amigos porque tuve empatía con el estilo de trabajo y con la visión que él tenía de las cosas, que es muy difícil en los medios tan burocráticos y tan jerárquicos como en los que nosotros nos desenvolvemos, pero él era diferente. Los primeros días de un Tercer Secretario, como ustedes se imaginan, no es fácil porque no sabes a qué atenerte; vienes de la Academia Diplomática y crees que todo es como los militares, y de hecho nosotros hemos vivido en esa época de los militares, al inicio de mi carrera, estaba el gobierno militar, entonces ésta rigidez yo encontraba que había gente en la Cancillería que no la tenía y eso fue lo que empecé a descubrir.

Yo conocí al Canciller Carlos García Bedoya de esa época y de hecho eso sirvió para que me pusieran en un área especial y distinta,  dónde podía aprender de gente de la más selecta de la Cancillería, de la que pensaba, de la que tenía sensibilidad, de la que no iba a ir por el camino tradicional de las cosas y ese es el inicio de mi historia en la Cancillería y obviamente, seguramente, como persona, porque venía de la universidad, de la Católica, y esto me sirvió para orientarme. Tuve muchísima suerte, otros no la tienen y van por el camino burocrático y por el camino común y corriente. Entonces, lo que soy hoy día, tiene que ver mucho con personas como Gastón, que me siguieron alrededor de toda mi carrera.

De hecho yo he venido a Barcelona muchísimas veces a buscarlo, a buscar orientación, a que me aconsejara y a conversar sobre cómo estaban las cosas. O sea, hasta el año de su fallecimiento nos hemos visto. Y siempre él apoyaba en mí cosas que seguramente él no se atrevía, que era ser un poco más cuestionador de los temas, de los asuntos, del trabajo; pero yo aprendía también el hecho de ser rápido, el de ser inteligente, rendir en tres minutos los que otros rinden en 48 horas o nunca. Entonces, ese tipo de enfoque en el trabajo y de que todo, todo puede ser distinto, que todas las cosas pueden cambiar, ha venido conmigo y le tengo que agradecer muchísimo a Gastón por eso, porque él fue uno de los que forjaron lo que puedo ser como persona, más importante que como diplomático.

Mi carrera ha sido completamente diferente al camino consular. Ha sido una carrera que ha tenido que ver con los temas de Naciones Unidas, con los temas multilaterales, pero que son los temas más progresistas, en donde ahí se puede hacer la diferencia también. No ha sido casualidad que desde el inicio de mi carrera son los temas que me gustaron. Empecé a trabajar en derechos humanos, empecé a trabajar en medio ambiente, he trabajado en todo, todo lo que ha tenido que ver con esto, en donde no se dan cuenta  que podemos avanzar cosas que no están tan claramente entendidas, en donde creo que ahí hay trabajo para los diplomáticos que, como yo, creen que el progreso, en el cambio, eso es lo importante.

Y eso es lo que yo también creo que hizo Gastón hizo aquí. Este puesto, no había hecho consulado antes. Y este fue su último puesto. Y fíjense que a veces nuestra experiencia previa nos lleva a que interpretemos las cosas de otra manera. Él interpretó la realidad que teníamos en ese momento aquí. Y él significó el cambio. Esta característica que él tenía de ser llano, de arremangarse, de hablar con la gente, de saber qué piensa, de tratar de entenderlo y para qué, cómo podemos servir.

 

                          Foto / El Embajador Antonio García Revilla, trabajadores del Consulado y amigos de Gastón Ibáñez

Han pasado muchos años, ahora la realidad que a mí me toca es un poco distinta: una comunidad asentada, que tiene muchas características muy especiales y muy positivas, que hay que tratar de entender y que a veces el gobierno y la cancillería no las ha entendido. De eso se trata mi trabajo, de tratar de adecuar a las nuevas realidades a las nuevas necesidades de la comunidad peruana, de acoger a todos, de tratar de ser mejores, para ayudar en lo que podamos, pero también de tener una visión política de las cosas que pasan. Yo no voy a desairar ni a afirmar,  sino sencillamente a tratar de interpretar las cosas, porque mi experiencia de 30 años de cancillería hacen que yo trate de entender fenómenos que se producen entre los estados y ahora entre los grupos sociales, entre la sociedad, entre la comunidad peruana. Entonces, ese el background que yo traigo, que yo tengo.

De repente no seré el mejor cónsul, pero sí trataré de estar a la altura y de que Gastón me inspire en todo lo que yo pueda hacer en este trabajo que me toca hacer con todos ustedes y por eso a algunos de ustedes les he comentado que yo quiero conocerles a todos y hablar con todos y para mí todas las visiones y todas las posiciones son reales. Y con ellos, con ellas tengo que trabajar y tengo que entenderlas y respetarlas.

Bueno, los dejo con esto: perdonen que me haya explayado un poquito y para mí es un poco emocionante este momento en que recordamos a Gastón, porque para mí, cuando él falleció fue muy complicado. Era un amigo muy duro de perder. Pero bueno, yo creo que él está siempre presente. Las fotos que hemos tenido que escoger para él también, he tratado de que sean las que le representaban, porque me dieron un montón de fotos con terno, con corbata, y con ceremonias y tal. Él era eso en lo mínimo y otras cosas en lo máximo. Entonces, hemos tratado de buscar. Él no se dejaba tomar fotos. Por eso yo no tengo fotos de la cancillería con él. Porque me decía: “No, Antonio. Como todos nosotros somos parte de lo que ha sido nuestra experiencia en distintos sitios.” La India lo marcó muchísimo, en su puesto anterior en el que yo lo conocí, en el hecho de que pensaba que las fotografías le quitaban el espíritu a las personas. Por eso él no se dejaba tomar fotos nunca. Por eso me sorprende que aquí haya tantas fotos, tipo paparazzi, que tiene Jaime Lucano, que le habrá tomado, que los amigos le han tomado. Por eso Gastón, creo que las fotos que tenemos representan algunas partes, pero sobre todo aquellas donde está bailando marinera, donde está hablando con todo el mundo, en donde está con la camisa arremangada y tratando de entender a todo lo que se le presentaba.

Ese es el Gastón que tenemos que recordar, el hombre progresista, el hombre con ideas claras, el hombre que quería hacer cambios en las cosas, a través de su visión y una persona muy humanista; que eso también es algo muy rescatable en los pocos diplomáticos, que tiene esa visión humanista de las cosas y no solamente la visión tan burocrática.

                           Foto, archivo / Ex Cónsul General del Perú en Barcelona Gastón Ibáñez Manchego, Embajador Armando Lecaros de Cossío