Gastronomía Española, en pie de guerra por su "total abandono"

 

(EFE) - Han pasado del "shock" inicial a la indignación. Cocineros, camareros, sumilleres, hosteleros, productores, bodegueros y todos los que conforman el mundo de la gastronomía en España están en pie de guerra porque se sienten "desprotegidos" y "abandonados".

Trabajadores afectados por ERTE sin cobrar prestaciones, normas poco claras que han disparado las consultas a asesorías laborales y falta de medidas de apoyo como las adoptadas en otros países europeos -Alemania ha bajado el IVA de la hostelería del 19 al 7 %- han colmado la paciencia de un sector que, en su mayoría, mantiene la persiana bajada y duda de cuándo podrá levantarla.
Recuerdan que "nunca" han pedido ayudas ni subvenciones porque se basan en "el esfuerzo de miles de autónomos", pero ahora se sienten "abandonados", indica a Efe Pedro Sánchez, cocinero y propietario de Bagá, con una estrella Michelin en Jaén, y miembro del grupo director de Hermandad Gastró, una asociación nacida en la pandemia que aúna a la distintas ramas de la gastronomía.

"Vivimos en un estado de ansiedad y de inseguridad. Necesitamos gestos positivos y que nos ayuden, como se ha hecho en casi toda Europa, a partir del 30 de junio", fecha en la que concluyen los ERTE y sus exoneraciones de seguros sociales. La hostelería demanda su extensión como mínimo, y a la espera de la evolución de la pandemia, a 31 de diciembre de 2020.
Sánchez no se refiere sólo a bares, restaurantes y cafeterías, sino también a "agricultores, hortelanos, ganaderos, pescadores, queseros, bodegueros y todos aquellos que integran un sector tan importante para el país", ya que supone el 33 % del PIB y sostiene a 4 millones de trabajadores.

La gastronomía, recuerda, es uno de los aspectos más valorados por el turismo internacional y uno de los principales motivos por los que se visita España, por lo que reclama a las administraciones que "lo defiendan, apostando por la calidad". Hasta ahora, lamenta, las medidas adoptadas "abocan más a la desaparición".
Aunque son conscientes de la emergencia sanitaria y entienden que "todos estamos en una situación complicada y no hay fondos para todos", recuerdan que "no es la primera vez que la hostelería ayuda a sacar al país de una crisis económica" y, además, en situaciones como la provocada por la COVID-19, se ha volcado en trabajar para dar de comer a sanitarios y personas sin recursos.

"En Hermandad Gastró, los miembros (más de 1.300) están alzando el tono, el malestar va 'in crescendo' y se están planteando movilizaciones", apunta.
Para Xanty Elías, con una estrella Michelin en Acánthum (Huelva) y miembro de la directiva de Euro-Toques, que integra a casi mil cocineros profesionales, las medidas tomadas, entre las que no se incluyen hasta ahora, por ejemplo, los demandados microcréditos ni exenciones en alquileres, son "parches que debilitan la moral y la fuerza del sector".

"Los cocineros hablamos todos los días y vivimos en la incertidumbre. Estamos locos por volver a trabajar, pero la situación fiscal nos frena. Hay cabreo e indignación", reconoce a Efe, especialmente cuando se ve el comportamiento de países como Alemania, Francia e Italia hacia la restauración y los productores.
"Empiezan a encenderse los fogones del cabreo, se empieza a calentar la olla y cuando reviente.... Y es que lo que ha propuesto el Gobierno no son soluciones; tiene que apoyar a un sector base de la Marca España", añade.
"Hay que dar ya un golpe sobre la mesa", opina Francis Paniego, con dos estrellas Michelin en el Portal del Echaurren (Ezcaray, La Rioja), quien agradece, no obstante, el trabajo "exigente" en defensa del sector desarrollado por la organización empresarial Hostelería de España.

Hasta ahora, añade, han sido "muy prudentes" porque tienen "clarísimo" que "la atención sanitaria es lo primero". "Pero me temo que fuimos los primeros en cerrar, antes incluso del estado de alarma, y seremos los últimos en abrir".
"Incertidumbre" es la palabra que aparece en todas las conversaciones con sus colegas de profesión, a la que se suelen añadir "impotencia" y "rabia" porque ellos, el principal sostén de un sector primario de calidad apostando por pequeños productores de cercanía y baza turística, se sienten "desprotegidos". / 
Pilar Salas.